Pese a todas las reuniones entre miembros del CONA-PLAN aprista y jefes de las Fuerzas Armadas y asesores militares velasquistas, el reaccionario gobierno aprista no ha mostrado hasta hoy su tan declamaba "nueva estrategia an-tisubversiva"; llanamente no han hecho sino seguir la es-trategia contrarrevolucionaria seguida por Belaunde y a lo sumo dado más medios económicos, políticos y sociales, como más carta blanca a las Fuerzas Armadas para desarrollar una mayor guerra contrarrevolucionaria, con apoyo de las fuerzas policiales, en contra de la guerra popular que en el Perú sigue y seguirá ardiendo y expandiéndote .

 El gobierno actual primero busco ignorar la guerra popular pero ésta le reventó en el rostro con el genocidio de Aqomarca, responsabilidad que pretendió eludir destituyendo al entonces presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Arma-das; pero fue una farsa pues tal destitución, por divergencias sobre el ingreso de tropas yanquis a la Selva, ya estaba definida una semana antes, mientras que los otros cambios fue-ron dispuestos por los propios mandos militares. Sin embargo, recordemos que días antes de Aqomarca estuvieron en  Ayacucho el general Jarama, entonces jefe de la II Región Mi-litar, acompañado por cinco generales y ocho coroneles y teniente-coroneles; ¿a qué fueron?, obviamente a poner en marcha los planes acordados por el Consejo de Defensa Nacional que preside, el propio García Pérez.

 En cuanto a las investigaciones dispuestas quedaron en nada pese a todas las pruebas y, como viéramos, los genocidas Hurtado y Artaza premiados y tenidos como "héroes de la democracia"; así las supuestas destituciones e investigación, son dos partes de una misma maniobra para defender la imagen especialmente internacional del "señor presidente constitucional, jefe supre-mo de las fuerzas armadas y policiales", quien en las Nacio-nes Unidas, en setiembre se jactaba actuando como pavo-rreal justiciero: "nuestra carta de presentación democrática ante el mundo es el respeto a la vida y al derecho de las personas. Nada justifica la tortura, la desaparición o la ejecución sumaria. La barbarie no debe combatirse con la barbarie". ¡Que cada quien confronte los dichos con los hechos! Estas palabras se compaginan con lo que dijera el 28 de julio del 85, de ellas basta recordar a la titulada "Comisión de Paz". ¿Para qué sirvió, qué hizo y, sobretodo, cómo terminó? Naufragando, como barco que desde el comienzo hacía agua, coparticipando en el último genocidio de junio; y a la dirigencia de IU, que pactara solemnemente la amnistía de sus seguidores presos, esperando hasta hoy que García cumpla el compromiso». Siguió el genocidio de Lurigancho de octubre 85, tras el cual el reaccionario gobierno aprista montó la gran farsa de la "capitulación masiva de senderistas" en Llochegua y Corazón-Pata, provincia de La Mar, departamento de Ayacucho, incluso, como se difundió por todos los medios, se esce-nificó la entrevista del "jefe supremo" con "dirigentes rendi-dos" a quienes acogió en palacio, escena filmada desde lejos de la cual nadie escucho nada ni vio la cara de nadie por las invocadas "comprensibles razones de seguridad".

 Mas el engendro fue rápidamente destripado al publicarse declaracio-nes del oficial de la marina que participó en el operativo que sirvió de punto de partida: "El mismo oficial al ser entrevis-tado por este corresponsal explicó que el centenar de perso-nas, entre hombres, mujeres y niños, no se acercó a las bases de Corazón-Pata y Llochegua sino que fue reagrupado por los infantes de marina en las alturas de las serranías y con-ducidos posteriormente hacia ambas localidades. Cuando se le preguntó al teniente ´Aníbal´si los campesinos, al momento de entregarse portaban armas, respondió que no"; se-gún "La Republica" del 25/X/85, (el subrayado es nuestro).

Esa fue la famosa patraña de la "capitulación". No obstante, estos planes, acciones, genocidios y farsas eran parte de uno de los objetivos apristas contra la guerra popular, pues, como puede leerse en "El Nacional" del 18/V/85: "En los primeros cien días de su gobierno el Apra procurará derrotar al terrorismo. Ese es uno de los objetivos del plan de emergencia que forma parte del plan de gobierno del Apra, elaborado y aprobado por la Comisión Nacional del Plan de Gobierno (CONAPLAN)".

Pero todos, maquinaciones y "objetivos", volaron por los aires al desatarse una nueva y contundente ofensiva de la guerra popular a fines del mis-mo año; viéndose obligado el propio Comando Conjunto, presidido por el Comandante general del ejército, general Guillermo Monzón Arrunátegui, el correspondiente de la ma-rina de guerra", vice-almirante Víctor Nicolini y de la fuerza aérea, general Luis Abram Cavallerino y sus asesores, a via- jar por varios días a Ayacucho, a comienzos de febrero del 86. ¿Para qué? Elementalmente para elaborar nuevos planes que fueran sancionados por el Consejo de Defensa Nacional en-cabezado por García Pérez, emprendiéndose por entonces nuevos operativos especialmente en la zona del comando po-lítico-militar N° 5; y la guerra revolucionaria se desarrolló más golpeando también violenta y duramente en la propia capital.

 Es dentro de este marco general y el específico del plan de genocidio llevado desde años atrás contra los prisioneros de guerra, y en la perspectiva del cumplimiento del primer año de la gestión aprista y la celebración del congreso de la llamada "Internacional Socialista", de la cual García Pérez buscaba más alto trampolín para encumbrarse como "diri-gente tercermundista" y fortalecer su gobierno internacio-nalmente, pretendiendo contrapesar los fracasos de sus pla-nes políticos y militares dentro del país y los reveses de su política internacional, que debe encuadrarse el genocidio de  junio; añadiéndose a este marco las sistemáticas provocacio-nes que se intensificaron contra los prisioneros de guerra, no sólo regándose la actas arrancadas al gobierno belaundis-ta sino al mismo gobierno aprista, a éste el 31 de octubre del 85, en las cuales se reconocían la condición de "presos es-peciales" y un conjunto de derechos, correspondientes a los que garantizan no solamente la legislación internacional suscrita por el Estado Peruano sino su propia Constitución y le yes pertinentes, actas y derechos conquistados y defendidos con firmes y tenaces luchas, pues no hay otra forma verdadera y real de hacerlo; provocaciones que también im Canto Grande pero con su "renuncia" pretende guardar su imagen para el futuro. A partir de estas responsabilidades políticas, es evidente, la responsabilidad del general Monzón  Arrunátegui presidente del Comando Conjunto, del vice-almirante Nicolini y del general Abram Cavallerino, miem-bros del mismo organismo y del ejército, la marina de guerra y de la fuerza aérea, principalmente de los jefes de los operativos y la responsabilidad complementaria de las fuerzas policiales, también especialmente la responsabilidad de sus  jefes; este en cuanto, acorde con la concepción genocida de ex-terminio que les han enseñado sus amos yanquis planificaron, organizaron y ejecutaron el genocidio de exterminio violando incluso elementales leyes de guerra consagradas universalmente como las de Ginebra.

Asimismo, es indispensable analizar la actuación de la Comisión Permanente del Congreso la que un hecho de interés público, que abierta-mente debió ventilarse, mañosamente lo ha convertido en un problema secreto y más aún lo ha diferido para ser tratado en el próximo Parlamento; muy esclarecedor es ver la actua-ción de los diversos partidos que la componen, muy especial-mente de la IU cuyo documento presentado, en esa Comisión, condena a quienes se rebelaron en defensa de la revolución y de sus vidas y convierten los derechos de los deudos en dadi-vas humanitarias que hay que mendigar.

Finalmente debemos denunciar ante el proletariado y los pueblos del mundo el papel jugado, en este genocidio por la llamada "Internacional Socialista"; recordar sus orígenes de-rivados del viejo revisionismo, aquellos que en la I Guerra Mundial defendieron a sus burguesías e invocando la "de-fensa de la patria" llevaron a las masas a ser carne de cañón en esa primera gran guerra imperialista de rapiña, opo-niéndose a la gran tesis de Lenin de convertir la guerra impe-rialista mundial en guerra revolucionaria que firmemente aplicada triunfó sobre los renegados concretando la Gran Revoluci6n de Octubre; tener presente la labor contrarrevolucionaria de la socialdemocracia que con Ebert a la cabeza, unido a los explotadores y al militarismo alemán sofoco a sangre y fuego la revolución alemana y socavó la revolución en toda Europa; para hundiéndose más en el cretinismo par-lamentario devenir en uno de los puntales del imperialismo y bombero de los ímpetus revolucionarios del proletariado y del pueblo; para, desde los años cincuenta, arrancando los pocos términos marxistas que aun mantenían como formas vacías de contenido, cual secas hojas de parra para seguir traficando, desenvolverse como partidos socialdemócratas al servicio principalmente del imperialismo europeo, apuntando en las últimas décadas, al servicio de sus amos, a extender su in-fluencia a nivel mundial particularmente a América Latina, de ahí su afán propio de tomar a Lima como sede de su congreso.

 Denunciar principalmente a su capitoste Willy Brandt por su sucia y miserable defensa de García Pérez, pretendiendo exculparlo de su responsabilidad de gran ge-nocida y a la vez enlodar la guerra popular que se libra en el país; asimismo a Carlos Andrés Pérez, figurón sangriento que también a sangre y fuego, como sus antecesores, aplastó la lucha armada venezolana y que hoy fungiendo de demócra-ta ha sido el gran defensor del genocida García y del partido aprista. Así, la autoproclamada "Internacional Socialista" al querer servir de biombo al genocidio de junio, no ha hecho otra cosa que seguir bañándose con la sangre del proletaria-do y del pueblo y en esta ocasión con la del proletariado y pueblo peruanos en las centenas de sus hijos bárbaramente aniquilados; pero al hacerlo socavó su congreso que transcurrió totalmente entre tumbos y sobresaltos derivados de la conmoción generada por el genocidio que pretendía encubrir, agudizando sus propias contradicciones intestinas para, al final acabar sin pena ni gloria y entre gallos y media-noche en medio del desconcierto de cambios de agenda, de reuniones, suspensión de confraternizaciones y hasta ade-lanto de su clausura; todo esto pese a los miles de soldados y policías que resguardaron su cuartel de reunión. De esta manera, la rebelión y el aniquilamiento subsiguiente sirven a desenmascarar una vez más la larga y negra historia de la reptante "Internacional Socialista", con una cruenta, estremecedora y reciente lección que nos muestra patentemente su esencia proimperialista y reaccionaria.

 Después de su genocidio de exterminio, García Pérez ha pretendido con grandes avisos en los diarios más importantes del mundo lavarse las manos para siempre ensangrentadas y limpiar su figura apuntando a rehacerla, lo que ha costado al pueblo peruano 8 mil lores de dólares, pero será en vano; y hoy prosigue esta labor mintiendo cínica y escandalosamen-te en "entrevistas" publicadas en periódicos extranjeros, como en "El Nacional" de Caracas, donde dice: "No. La Ma-rina, (en El Frontón) solo ayudó con explosivos para abrir boquetes"; o refiriéndose a los fusilamientos de prisioneros de guerra en Lurigancho, afirma: “Eso es lo que hemos denunciado. Hemos detenido cien prisioneros por ese crimen que están en este momento en una cárcel común”.

 Sin embargo, teniendo presente la derrota política que ha sufrido por sus propios graves errores tanto o más grandes que su envanecimiento, expresa, usando manidos conceptos de Belaúnde y otros, el odio que la revolución le engendra: "Sendero Luminoso es una explosión anárquica, cruel, polpotiana, y por eso yo soy furiosamente anti-Sendero Luminoso", como dijo recientemente al "Newsweek", semanario norteameri-cano. La cuestión de fondo, tras toda esta hojarasca demagó-gica es clara y concreta: que la guerra popular es el problema principal que enfrenta el Estado Peruano y su gobierno reac-cionario aprista como nítidamente dijo el "Señor presidente constitucional y jefe supremo de las fuerzas armadas y poli-ciales": "el primer obstáculo para nuestra democracia es la violencia subversiva", mensaje de julio del 86; en el cual, además, sabiendo muy bien quién sostiene el Estado reaccio-nario y a él mismo, por enésima vez en los últimos tiempos vuelve a reiterar: "Y aquí mi saludo y pleno respaldo a las instituciones de la Fuerza Armada que actúan en leal respeto y obediencia al gobierno constitucional y a las instituciones policiales..."